jueves, 5 de agosto de 2010

Historia sobre pilas recargables

 La desintegración de la Memoria, de Salvador Dalí
Luego de una mañana un poco agitada, salí a almorzar a Larcomar, básicamente porque es lo que más cerca me quedaba y ya era un poco tarde. Entrando, me doy cuenta que hace tiempo que quería comprar pilas recargables para no estar gastando en pilas comunes que se acaban en un par de días. Así que decidí entrar un rato a Radio Shack.

Mientras voy mirando los distintos "gadgets" tecnológicos, un joven me pregunta muy amablemente si me puede ayudar en algo. Le respondo que sí, que estoy buscando pilas recargables, junto con su respectivo cargador. Me muestra distintos modelos, uno que carga las pilas en 16 horas, uno que las carga en 2 y uno que las carga en apenas 15 minutos. Como podrán imaginar, el precio era inversamente proporcional al tiempo de carga: mientras menor tiempo, más caro. El modelo de 15 minutos me parecía muy vistoso, y además venía con ocho pilas en lugar de cuatro. Aún así, pienso que es muy caro para lo que necesito y me decido por el de cuatro pilas y 2 horas de carga. Pago, me entregan el paquete, salgo, todo muy bien. Me dirijo al patio a almorzar.

Pido mi comida: un filete de pollo con papas y gaseosa del Otto Grill. Hace un frío de la PM, así que me ubico estratégicamente en una mesa que está frente al Bembos. Mientras almuerzo, me dedico a mirar alrededor, pensando en todo y en nada. De pronto, me llaman de la oficina. A qué hora vas a llegar, el jefe pregunta por ti, etc. Llego en veinte minutos, contesto. Tiempo suficiente para terminar mi almuerzo. Termino, me levanto y me dirijo a la oficina.

El jefe quiere que descargues unos archivos y los quemes en un DVD, me dicen. Veo los archivos, en conjunto pesan como 4 Gb, así que la descarga va a demorar regular tiempo. Bien, los puedo dejar descargando mientras me dedico a otra cosa. Abro un libro virtual de programación que ya quería hojear desde hace tiempo y me pongo a leerlo, casi distraídamente. De pronto, de la nada me surge la idea de que este era un buen momento para cargar las pilas.

Mi corazón se detiene por un segundo, mientras en mi mente se va formando un terrible pensamiento:

"¿Donde están el cargador y las pilas?"

Miro en mi escritorio, y no está la bolsa de Radio Shack. Abro mis cajones, remuevo las cosas, me levanto y busco por otros lugares, pero en el fondo sé que todo es inútil, un vano esfuerzo por no querer aceptar lo evidente: había perdido el cargador, y no me había dado cuenta hasta ahora. Mi mente, en un esfuerzo por reconstruir los hechos, trata de recordar el momento exacto del hecho. No cabía la menor duda, lo había olvidado en la mesa donde hace apenas una hora estuve almorzando. ¿Pero a qúé clase de p#?"$%&do se le olvida un paquete de tamaño mayor a un puño, y para remate recién comprado? ¿Y ahora? Seguramente ya alguien vió la bolsa y se la llevó. Ya no había nada que hacer.

Contra toda esperanza, decido volver a Larcomar a buscar el paquete. Doy unas cuantas vueltas alrededor del patio de comidas, ubico la mesa en la que perdí mi cargador (ahora hay dos personas sentadas ahí) y ni rastro del mismo. Doy unas cuantas vueltas más. Las personas sentadas a la mesa se levantan y se van, y yo aprovecho para acercarme y sentarme en exactamente el mismo sitio. Inútilmente miro en derredor. Nada. Nada de nada.

Me levanto, aunque no del todo resignado. Me alejo de la mesa lentamente, todavía rebelándome contra el "destino" (en realidad, contra mi distraído cerebro) y me detengo luego de algunos pasos cuando veo que se acercan dos guardias de seguridad a la mesa, un hombre y una mujer. Los veo conversar un rato. El deseo de recuperar mis pilas puede más que la vergüenza de admitir que las he perdido. Además, pienso, no pierdo nada preguntando, total, lo peor que puede pasar es que no las hayan encontrado. Me acerco, y le digo al guardia que me olvidé de un paquete hace más o menos un par de horas, en esta misma mesa. Él me mira, y me pregunta qué contenía el paquete. Un cargador con pilas recargables, recién comprado, le digo. Ha sido encontrado, me contesta.

Lo inesperado de la respuesta hace que abra los ojos como platos de la sorpresa. ¿Podrá ser cierto? ¿Lo encontraron y guadaron antes de que alguien más decida que era suyo "porque se lo encontró tirado"? Amablemente el guardia me indica dónde puedo reclamar mi paquete, diciéndome que presente mi DNI. Me acerco al lugar indicado, donde hay una señorita de seguridad atendiendo. Muy cortesmente le indico lo que se me ha perdido, y me dice que efectivamente, se ha encontrado. Luego me pide mi DNI y empieza a llenar una ficha con mis datos: nombres, apellidos, fecha y lugar de la pérdida, etc. En eso me pregunta cómo es que se me olvidaron.

"Porque soy un $#!"#$%&n", pienso, pero lógicamente eso no es lo que le contesto. Le digo que sencillamente me olvidé, así de la nada. Ella me responde que entonces tengo lagunas mentales, y yo pienso que muy posiblemente no se esté equivocando.

Teminado el llenado de la ficha, me pide que firme y ponga mi DNI. Así lo hago, y ella desaparece en una oficina a algunos metros de su puesto. Luego de pocos instantes regresa, con (oh, maravilla de maravillas) mi bolsa conteniendo el cargador y las pilas sin abrir. Le agradezco de todo corazón y me despido. Cuando me estoy marchando ella me dice que la próxima vez no me olvide, porque alguien se puede llevar las cosas antes de que la gente de seguridad las encuentre. Aprecio el consejo, aunque mucho me temo que no será la última vez que me pasen estas cosas.

De vuelta en mi casa, me doy cuenta que no encuentro mi tarjeta SD con las fotos de mi viaje a México. Bueno, no me preocupa mucho, después de todo debe estar entre mis cosas, porque no la he sacado a ningún lado. Al menos, no que yo recuerde...

3 comentarios:

José dijo...

Bueno, tocayo, yo más q sorprenderme de tus lagunas mentales (pues las tengo y quizá más aguadas) me sorprendo de q hayas recuperado tu bolsita. Un signo más de q la honestidad no solo existe sino q embellece la vida. Buen blog este, el mío está aún en pañales y muriendo de soledad.
Un abrazo.

Isaac dijo...

¡Gordo, necesitas a tu ayudante estrella!

Renzo dijo...

Interesante tu blog.
Te dejo el mio
http://www.blog.pucp.edu.pe/renzogm/

Slds